Por qué Francisco Ibáñez merece el premio Princesa de Asturias

Una tarde de 2008 tonteaba yo por la sección de libros de un centro comercial cualquiera cuando sin motivo aparente surgió de algún rincón de mi aburrimiento la voluntad de recuperar, más de quince años después, ese ritual clásico de los sábados de mi infancia que ha sido y es también el de millones de chavales españoles: acudir al espacio que tantas librerías siguen reservando a la obra del gran Francisco Ibáñez y echar allí un rato largo riéndome de nuevo con sus historietas. Vi entonces la última aventura publicada de Mortadelo y Filemón, ¡El dos de mayo! y me sorprendí a mí mismo partiéndome de risa inmediatamente con solo contemplar su nada diplomática portada: en ella se reproduce en versión bufa el cuadro de los fusilamientos de Goya con los agentes de la T.I.A del lado de los condenados. Mortadelo está enfundado en la camiseta de la Roja y sujeta un balón de fútbol. Filemón, en su pose clásica de llamar «merluzo» a su compañero de fatigas, le reprocha: «Síííí, es el día del enfrentamiento con los franceses, pero… ¡creo que usted anda algo despistadillo, oiga!». En la parte izquierda de la escena sorprende la imagen de un fraile largándole una soberana peineta al pelotón de fusilamiento francés, pero lo que hace la portada absolutamente genial es el detalle nimio, minúsculo, tan del estilo del autor, escondido entre los márgenes de la escena, en este caso en su parte inferior: vemos ahí la clásica firma de Ibáñez con brazos y piernas convertida una vez más en un personaje de la acción, en este caso ejerciendo de oficial de la ejecución, sable en mano y preparada para dar la orden de disparo. Y uno no cree lo que ven sus ojos cuando distingue junto a ella un bote de monedas como si de una caseta de feria se tratara, con un cartelito en el que se lee: «6 tiros, 2 reales de vellón». La crueldad y la brutalidad corren de la mano del sarcasmo y de la carcajada libre de toda lección moral. Marca de la casa.

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Acerca de lamarmotaphil

Iker Zabala, ingeniero de telecomunicaciones, aficionado al cine, la música y la literatura y colaborador de la revista Jot Down. Me puse muy estupendo con los amigos, denostando con mucha suficiencia Twitter y otras "redes sociales" y jurando que jamás me abriría una cuenta ahí. He creado este blog para disimular y vencer el mono.
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