Truman Capote o cómo acabar de una vez por todas con tu talento

Pienso mucho en el suicidio. Y conozco a muchas personas que seguramente se suicidarán. Truman Capote, por ejemplo.
(Yukio Mishima, escritor y suicida)

A diferencia de Yukio Mishima, Truman Capote no planificó su suicidio como un ceremonial de profundo significado ante la atónita mirada del mundo; tampoco se infligió la muerte de manera rápida y casi indolora tras una desdichada vida de arribismo, ambición, fracaso y culpa, como sí hizo su propia madre. El proceso de autodestrucción física (y literaria) de Capote fue mucho más sutil, lento e implacable. El escritor americano se propuso desde niño ser un autor de éxito, rico y famoso, y con solo veintitrés años logró poner por escrito con prodigioso y precoz estilo los secretos de su alma dolorida: fue su primera novela un colosal trabajo de juventud, perfilado gracias al talento que las musas suelen reservar a los escritores maduros. Como el inolvidable Jep Gambardella de La gran belleza, Capote fue víctima de la gran acogida crítica de su deslumbrante debut literario y entonces quiso, como aquel, convertirse en el rey de los mundanos, en el alma de las mayores y más exclusivas fiestas de su ciudad de adopción, reservándose el poder de aguarlas a su conveniencia. Y lo consiguió: el niño roto de Alabama logró llegar a ser un autor de inmenso éxito, y abrazó los más exclusivos ambientes de la vida social de Manhattan hasta olvidar por completo su don innato para la escritura y su lugar de honor en el olimpo de los poetas tempranos. Pero, a diferencia de Gambardella, no hubo redención final para él: ya en sus días de mayor triunfo su sendero vital, que años después podemos sazonar con los sugerentes ecos de la trágica predestinación, dibujaba una curva hacia su propia tumba. Ebrio de sí mismo, subido a lomos de sus propios pecados y debilidades, Capote se aprestó a seguirla hasta sus últimas consecuencias.

Artículo completo disponible en el número 13 de la edición impresa de Jot Down: “Especial pecado”.

Acerca de lamarmotaphil

Iker Zabala, ingeniero de telecomunicaciones, aficionado al cine, la música y la literatura y colaborador de la revista Jot Down. Me puse muy estupendo con los amigos, denostando con mucha suficiencia Twitter y otras "redes sociales" y jurando que jamás me abriría una cuenta ahí. He creado este blog para disimular y vencer el mono.
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