007: licencia para evadirse

No le voy a decir nada que no sepa, pero allá va: todos tenemos, como mínimo, dos vidas. Una definida por la existencia diaria, esa que se lleva como uno mejor puede, llena de rutinas, gestiones, obstáculos y, la verdad sea dicha, no pocas satisfacciones. Y otra imaginaria, o imaginada, que conforma todo un planeta paralelo deseado, anhelado, inmenso e inagotable que se nutre sin descanso de todas nuestras frustraciones diarias. Entre los muchos exploradores de ese planeta, que intentan colonizar izando sobre su suelo la bandera del ideal, admiramos a los escritores (y a los poetas sobre todos ellos) por su característica de cartógrafos del territorio, de guías. En sus páginas hallamos nuevas sendas, vislumbramos destellos desconocidos y promesas alentadoras. Pero no nos engañemos: tampoco los escritores viven permanentemente en ese lugar perfecto. La frustración también es su combustible. Por eso ningún héroe de ficción ha nacido de la satisfacción, de la complacencia, del conformismo de su autor. Y James Bond no es una excepción.

El escritor Ian Fleming (1908 – 1964) nació en el seno de una familia adinerada, fue un seductor nato, supo desde muy joven cuáles eran sus placeres preferidos de la vida y se entregó a ellos con ganas. Fue un todo bon vivant londinense, pero también un sujeto bastante amargado en según qué momentos de su vida. También él necesitó evadirse, cosa que hizo física y espiritualmente, inventando de camino a James Bond para que usted y yo tuviéramos algo que hacer esos domingos por la tarde en los que asoman las terribles fauces del tedio.

Artículo completo disponible en el número 15 de la edición impresa de Jot Down: “Especial Fantasmas”.

Acerca de lamarmotaphil

Iker Zabala, ingeniero de telecomunicaciones, aficionado al cine, la música y la literatura y colaborador de la revista Jot Down. Me puse muy estupendo con los amigos, denostando con mucha suficiencia Twitter y otras "redes sociales" y jurando que jamás me abriría una cuenta ahí. He creado este blog para disimular y vencer el mono.
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