Lo que se fue con River Phoenix

Cuando cumplí dieciocho años River Phoenix era todo un héroe para mí. Siempre quise conocerle y una noche, durante una fiesta de Halloween, me crucé con él de repente. Estaba increíblemente pálido, totalmente blanco. Antes de que pudiera decirle hola se metió en un coche y se fue al club Viper Room. Allí se desplomó en la puerta y murió. Fue toda una lección de vida.

Leonardo DiCaprio, 2010.

River Phoenix falleció por una intoxicación masiva de drogas en la puerta del Viper Room de West Hollywood el 31 de octubre de 1993, y a mí me gusta imaginarlo esa última mañana de muerte no como un cadáver tirado en la acera con la cara cubierta de espumarajos, sino más digno y en mejor lugar: en una playa a las afueras de Roma, concretamente, vestido con traje blanco y camisa oscura, de pie junto a un monstruo marino varado en la arena y lanzándonos un último saludo nostálgico, sabiéndose ya perdido para siempre. Y lo imagino así porque ese mismo día fue a morirse Federico Fellini, y estos azares románticos de calendario y efeméride hay que saber aprovecharlos.

Hay que tirar de romanticismo porque no queda otra. O eso o la evidencia de que la muerte absurda de Phoenix a los veintitrés años es una de esas tragedias artísticas irreparables, pues esa estúpida sobredosis truncó un currículum tan precoz como ciertamente asombroso: a su edad Phoenix ya había rodado con Rob Reiner (Cuenta conmigo), Peter Weir (La costa de los mosquitos), Sidney Lumet (Un lugar en ninguna parte), Steven Spielberg (Indiana Jones y la última cruzada), Lawrence Kasdan (Te amaré hasta que te mate), Gus Van Sant (Mi Idaho privado), Sam Shepard (Lengua silenciosa) o Peter Bogdanovich (Esa cosa llamada amor).

Artículo completo disponible en el número 18 de la edición impresa de Jot Down: “Especial Armagedón”. También en la web.

Acerca de lamarmotaphil

Iker Zabala, ingeniero de telecomunicaciones, aficionado al cine, la música y la literatura y colaborador de la revista Jot Down. Me puse muy estupendo con los amigos, denostando con mucha suficiencia Twitter y otras "redes sociales" y jurando que jamás me abriría una cuenta ahí. He creado este blog para disimular y vencer el mono.
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